Salir de las primeras impresiones
“Nunca hay una segunda oportunidad para una primera impresión”, decía Oscar Wilde. Y a mí, como narradora de historias visuales y escritas, no hay nada que me estimule más que las primeras impresiones. Porque son el combustible de mis historias, porque están llenas de sorpresas y porque lo desconocido siempre esconde verdaderas joyas. Por eso me gustan tanto los lugares nuevos, las primeras veces que veo cómo la luz golpea lo que encuentra a su paso según la hora del día o indagar en las vidas de los nuevos otros.
Me resulta muy entretenido hacer construcciones mentales de cómo creo que será esa nueva persona. Voy recogiendo trozos de aquí y de allá y voy haciendo la composición en base a lo que tengo de manera objetiva. Luego, mi cerebro ya se encarga de hacer el resto y de ir rellenando con lo que buenamente le apetece -como hacíamos con las bocas de la gente ocultas tras las mascarillas, que todos éramos bellísimos hasta que nos descubríamos-.
La primera impresión es crucial para una primera composición de lugar. Pero, aunque a priori parece que nos habla de lo que se es, sin filtros, la persona que hay delante no se está mostrando a sí misma realmente. No digo que sea siempre, pero pocas veces sucede. Solemos salir a la calle con el traje del personaje puesto, casi siempre de forma inconsciente.
En fotografía de retrato, no podemos quedarnos con la primera impresión, porque no es del todo certera. Porque sólo tenemos un cuerpo y una cara, pero nadie dentro -o al menos nadie que pueda resultar demasiado interesante-. Existe el personaje, pero no el ser. La fotografía de retrato necesita del ser y para eso necesita de recorrido, de tempos lentos. De hacer que el otro se sienta en casa y nos muestre quién verdaderamente es.
Sean Tucker en su entrevista a Phil Sharp repara en algo que él hace cuando fotografía personas.
En las escuelas nos explican que en retrato hay que dirigir a las personas, que hay que guiarlos. Hay algo de cierto en eso, pero hay que cogerlo con pinzas. Phil hace todo lo contrario y me parece un acierto porque a mí me sale algo así también de manera intuitiva. Él crea un espacio seguro donde la persona se sienta cómoda y desde la calma deja que la magia suceda. Hay que dejar que la magia suceda. Como en todo. Sean, añade:
“Take your time. Create a safe space and then trust your sitter. And maybe you’ll be gifted with a deeply honest vulnerable moment”.
Este es el core de mis sesiones persona: dejar que brote lo invisible para ser capaces de ver quién realmente eres. Tienes más info en la web 😊