Cuando alguien, hace ya casi once años, le puso nombre a lo que bullía en mí y me paralizaba, yo no tenía ni idea de lo que era la ansiedad ni era consciente de sus dimensiones. La ansiedad cuando llega recia arrasa con todo lo que encuentra a su paso, como si de una bocanada de fuego ardiente se tratase. Y se siente, casi de forma ahogada, que no hay escapatoria y que difícilmente vas a salir vivo de ahí.

En estos días que corren, leí una vez un meme que decía: “Yo ya tenía ansiedad antes de que se pusiera de moda”. Y no es que esté de moda, es que en una sociedad masculinizada y capitalista donde se premia la producción, el éxito y el poder por encima de todo lo demás y nos impone un ritmo frenético que nos hace ir con la prisa y la exigencia en la boca, lo raro es no tener ansiedad. Tristemente, la ansiedad es hoy fiel e incómoda compañera de viaje de muchos de nosotros. Para mí ciertamente es ya vieja conocida, una visitante de lo más indeseada. Y aunque, conocerla ya de hace tiempo y saber cómo se desenvuelve la hace más llevadera, no termino de acostumbrarme nunca. Tampoco lo pretendo, no creo que haya que normalizarla del todo. No creo que debamos quedarnos conformes y anclados en ella, sino rascar para entender de dónde viene y qué ha venido a decirnos, por muy desagradable que nos resulte.

Herramientas como la respiración, la meditación, estar en contacto con la naturaleza, reparar en lo que está percibiendo cada uno de mis sentidos y, sobre todo, aceptar que esto también está bien y que pasará, son algunas de las cosas que a mí me han ayudado durante todos estos años.

Además, hace poco, motivada por mi bella y sabia acupuntora @amauadelbosque, hice una lista con lápices de colores con frases que fui sacando de sus enseñanzas y que he ido recogiendo a lo largo de este tiempo a través de amigos u otros guías que me he ido encontrando por el camino.

Son las frases que os comparto en el vídeo que a mí me rescatan a menudo y que espero os den algo de aliento también a vosotros.

Pero ciertamente, a mí lo que más me ayuda a salir del bucle es salir a caminar por lugares poco concurridos y, preferiblemente, por la naturaleza. Me despeja la mente y me devuelve a mí. Trato de hacerlo sin música para estar presente en lo que hay ahí fuera que es mucho y es muy bello. De hecho, hace poco, un viejo amigo me descubrió ‘Merlín’, un ‘shazam’ de pájaros que me ha enseñado un montón de cantos de los pájaros que me acompañan en mis paseos.

Pero, si algo me devuelve a tierra, es salir por el bosque o la montaña, cámara en mano y, sin pretensión alguna de volver a casa con alguna buena imagen, observar observar y observar despacito para así, traerme de vuelta al aquí y al ahora. No hace falta llevar nada profesional, el móvil como herramienta de captación para este ejercicio de consciencia es más que suficiente.

Y, siempre siempre, vuelvo a casa mucho más centrada y sin compañías inesperadas. Vuelvo yo conmigo y sin aquella vieja incómoda y molesta.

Y a vosotros, ¿qué os ayuda a bajar la ansiedad?

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