In di vi si ble
Tengo una lista de palabras que me gustan mucho en una de las notas que guardo en el teléfono. No sé en realidad si las guardo porque me gusta como suenan, si es por lo que representan, si es una mezcla de ambas o si es por como lucen cuando las veo escritas. Tampoco importa el idioma, cabe cualquiera. Estas son algunas de ellas:
Silencio
Mayhem
Entropía
Petricor
Bohème
Luminiscencia
Capfico
El otro día agregué una nueva. El profe nos habló de dos tipos que han montado una fusión de cocina clásica con alta cocina aquí en la isla y han llamado al proyecto ‘INDIVISIBLE’. Y entonces, al escucharlo, dejé de prestar atención y me quedé pensando en cuánto me gustaba esa palabra y en lo poco que había reparado en ella anteriormente.
Indivisible,
indivisible…
Indivisibles los packs de bragas baratas del Carrefour,
nuestra mirada cuando estamos conectados,
la paella para dos,
o el posible nombre de un festival llamado ‘IndieVisible’ para modernos.
Indivisibles los dedos de una mano,
el ‘Skokiaan’ de Louis Armstrong,
tu amiga y su nuevo ligue,
o la escobilla del baño y su cubeta.
Mis gafas de ver,
las tuyas de sol.
El día y la noche.
El pack familiar de yogures.
Un animal, una obra de arte, una casa,
indivisibles también a nivel jurídico.
El helado de nata y chocolate,
la fotografía y la escritura.
Nuestros cepillos de dientes
descansando en el baño,
el antes y el después.
Pensaba que también lo eran esa cadena y su perro, y afortunadamente no.
O nosotros en lo que, ingenua de mí, yo creí la historia de amor más bonita del mundo…
pero…
tampoco.
IN
DI
VI
SI
BLE