Caminar descalza
Se empeñaba. Se empeñaba en calzarse esos zapatos que no eran de su talla, pero le gustaban. Le gustaban tanto que no podía no ponérselos. Eran bonitos y parecían cómodos y calentitos. Y además, se sentía protegida y segura con ellos.
Consiguió, después de mucho apretar y de incesantes intentos, que le entraran los pies. Pero estaba incómoda. Le hacían daño, le molestaban y le dolían. Dolían mucho, pero quitárselos no era una opción. Tampoco quería otros, le gustaban esos zapatos. Creía firmemente que no podría caminar sin ellos. Y la sola idea de ir descalza estaba descartada de manera rotunda porque supondría aún más dolor. Más dolor tampoco era una opción. Al menos, lo que provocaban, aunque a ratos angustioso, era bastante más llevadero.
Cada día caminaba peor y empezaban a molestarle otras partes del cuerpo. Y los zapatos empezaban a deformarse. Y no quería que sus zapatos perdieran tampoco su forma.
Comenzó a darse cuenta de que marchar con unos zapatos que no le entraban se hacía insoportable. Pero se percató de que no quería otros zapatos. Se dio cuenta de que aunque le aterraba caminar descalza porque se pincharía los pies y podría hacerse cortes profundos que tardarían en cicatrizar, pensó que podría ser estimulante probar a sentir la tierra bajo sus pies.
Y se dio cuenta de que lo que en realidad quería era simplemente tocar tierra de nuevo. Hacer pie. Volver a sentir(se). Y saberse bien. Sabía que al principio dolería bastante, que 'al derribar un muro, caminamos entre escombros', pero se iría acostumbrando y, a medida que fuera dando pasos, se sentiría mucho más fuerte y, a la larga, más libre y feliz.
Además, quitarse aquellos zapatos la llevaría por caminos que no habría transitado nunca antes, y aunque le asustaba, sabía que la Vida empezaba al otro lado del miedo. Aún así, siempre estaría agradecida por todo lo que aquellos zapatos le habían permitido recorrer, todo lo que le habían dado y todo lo que había aprendido con ellos puestos.
Y entonces, sin más demora e inundada de lágrimas, lo hizo. Se descalzó y empezó a caminar sobre escombros que sabía, algún día, acabarían convertidos en flores...